Bodega La Loba


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El origen de La Loba surge en una pequeña aldea soriana ubicada al comienzo de la Denominación de Origen de Ribera del Duero, concretamente en Matanza de Soria. De dichas tierras de viñedos centenarios obtienen la importancia del respeto hacia la naturaleza, y las personas que les rodean en este proyecto les transmiten los valores que han hecho que su sueño se haga realidad. Esta empresa se dedica principalmente al vino o viñedos donde intenta fomentar la cultura del vino de forma natural, sencilla y tradicional. Para ello, podan, sermentan, tratan y cuidan las cepas para así en las vendimias recoger el fruto que va a dar la oportunidad de disfrutar de la elaboración. 

El nombre de La Loba, según la empresa marca carácter, fuerza, astucia; el dulce dibujo de la abuela muestra la elegancia, sencillez, delicadeza, ternura y equilibrio. La fusión de ambas partes es la unión de las dos abuelas de la bodeguera, una da el nombre y la otra la imagen, dos personas muy importantes en su vida y ahora también en su proyecto. 
Este dibujo ha sido diseñado por un gran dibujante, Santos de Veracruz, más conocido como el artista que pinta mientras Muchachito toca y canta. 
La unión con su querido Santitos (como ellas lo llaman) está marcada por la amistad, por esa compenetración y conexión tan importante, porque gracias a ello han podido llegar a esa cooperación que surge del trabajo en equipo, y de ahí el resultado de nuestra ilustración, La Loba.  
Y de La Loba surge… La Lobita La esencia de la familia con la viveza de la juventud. 
Siguen en Matanza de Soria, viñedos centenarios, una pequeña parte de ellos prefiloxéricos (que por ubicación predominio de suelos arenosos en que están plantados se hicieron resistentes a la plaga de la filoxera, responsable de arrasar los viñedos de la vieja Europa en la segunda mitad del siglo XIX), y esta vez en lugar de jugar solo con la Tempranillo han utilizado también la variedad blanca autóctona de Soria, la Albillo. 
Mezcla de 95% Tempranillo y 5% Albillo, vendimia manual de su bodeguera Ana Carazo con el apoyo de uno de sus paisanos viticultores. 
Han querido jugar con estas proporciones para aprender y observar, pero sobretodo para llegar a más frescura, para ir a esos recuerdos del vino de pueblo, el disfrute de ese vino de año, pero sobretodo para divertir y seguir dando a conocer lo que sus viñedos esconden. 
Vino fermentado en barrica de roble francés de 500 litros con un ligero tostado, tapa abierta, despalillado a mano, leves bazuqueos, uvas enteras, fermentación alcohólica intracelular, pequeño prensado, tapa cerrada, fermentación maloláctica ( proceso por el cual el ácido málico se transforma químicamente en ácido láctico, por medio de bacterias de origen láctico), y el resultado es La Lobita! 
Siguen contando con su gran amigo dibujante Santos de Veracruz, al que le trasladan su momento mientras elaboran La Lobita, esa liada que se pegó su bodeguera que la hizo ver amanecer entre uvas y raspones, pero con la alegría de una niña pequeña como cuando iba con su abuelo a pisar la uva al lagar de la familia para hacer el vino de casa. 

 Los vinos: Se encuentran en tierras sorianas, concretamente en Matanza de Soria, una pequeña aldea al comienzo de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Estan a 900 metros de altitud, lo que hace que sus viñedos estén envueltos por una climatología marcada por el frío con largos inviernos, una pluviometria moderada, primaveras con heladas tardías y veranos cortos pero intensos, con noches de frescas temperaturas. Estas características marcan el ciclo vegetativo de sus plantas, así como la maduración y calidad de sus racimos. 
Sus viñedos son centenarios y la gran mayoría prefiloxéricos, lo cual es de gran importancia para su vino, ya que son características muy poco comunes y les dan los matices que marcan su distinción. Debido al sistema de plantación en vaso se ven obligados a realizar todos los trabajos de forma manual, y a ello le suman que sus plantaciones están repartidas en minifundios, lo que les hace más costoso y laborioso su trabajo en el viñedo. 
La variedad tinta que cultivan y elaboran es la Tempranillo, o Tinta del País como dicen por la ribera. 
Trabajan durante todo el año en el viñedo con la ilusión de llegar a la vendimia, el momento de recolectar sus racimos, todo de forma manual, acompañados por sus viticultores y familiares, porque es el momento para juntarse, trabajar y disfrutar. 
Su bodeguera siempre tuvo la curiosidad por saber qué esencia salía de esas uvas de viñedos centenarios, estaban tan ricas al comerlas, y a parte en parámetros enológicos llegaban a unos puntos muy óptimos de calidad, hasta que en el 2011 se le presentó la oportunidad de arrancar con ello, con su proyecto, con La Loba. El resultado fue potencia, pura y dura, estructura, identidad, mucha fruta y por suerte se cumplió ese objetivo. 
Posteriormente optó por arrancar con su parque de barricas nuevo para comenzar a jugar con las distintas tonelerías francesas, hasta el día de hoy, que va manteniendo la madera hasta 4 años y sigue jugando con el roble francés ya que considera que es lo que le termina de vestir a La Loba, termina de envolverlo para darle el toque elegante, fino, delicado, sencillo… 
Las crianzas dependen del año, del vino, él manda, igual son 12, 14 o igual 16 meses en barrica, sobre la marcha. 
Trabajan exhaustivamente para obtener un vino marcado por su identidad, su origen, que se respete su delicadeza, la fruta, la frescura, esa autenticidad de las tierras sorianas porque consideran que hay que respetar nuestro producto y el de dónde viene, es algo característico y muy distinguido… un vino diferente. 
A todos sus procesos hay que añadirles esa chispa que pone su bodeguera, con sus ganas, su alegría, su delicadeza, esa ilusión que la invade todos los días, con ese sello de humildad y esa sencillez que la caracteriza… porque estos ingredientes son parte del alma de La Loba, y sin ellos esto sería imposible. 

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